Compartir piso después de los 30: una opción más que favorable

Aunque “compartir un piso” parezca una opción apartada solo para jóvenes universitarios y recién salidos del nido de sus padres, porcentajes estadísticos han desmontado esta realidad; la nueva edad potencial para la opción de compartir un piso está entre los 30 y 40 años. 

Se dice que más de la mitad de los españoles disponen de esta opción para poder sobrellevar los “males” universales de los adultos contemporáneos, como puede ser un presupuesto personal limitado o disponer con prontitud de un nuevo hogar. Por otro lado, unos utilizan la convivencia para conectar con otras personas que tienen intereses particulares, aunado al beneficio que supone compartir las facturas mensuales. También existen quienes ven en el alquiler compartido la única oportunidad para no quedarse en la intemperie.

Entre los arrendadores potenciales al compartir un piso se encuentran generalmente personas extranjeras, divorciadas, propietarios de inmuebles rebajados por la hipoteca o estudiantes y trabajadores regulares que han visto beneficios en el hecho de llevar un hogar sobre más de dos hombros. El ahorro que supone abaratar los gastos de manera colectiva es una ventaja muy atractiva para los que necesitan tener mayor liquidez en otras áreas de su vida, recuperarse de un golpe financiero o sencillamente poder vivir desde las bonanzas que ofrece erigir la cotidianidad desde una visión colectiva.

Entre las armas de doble filo se encuentra la convivencia. Para unos será un sacrificio al haber vivido solos y otros encontrarán en ella el agregado especial para una vida solitaria. Mientras unos se quejarán incansablemente de su compañero de piso, otros entablarán amistades profundas que se pondrán a prueba en el día a día. Todo dependerá del talante de cada arrendador y de las estrategias que hayan utilizado para escoger un compañero.

Las razones principales que se han dejado ver ante este fenómeno son los bajos ingresos y la inseguridad laboral. La situación que atraviesa la generación de los treinta ha hecho de esta alternativa una manera estable para habitar una vivienda desde la colaboración, el respeto y, sobre todo, la cooperación. Lejos de ser un indicador de “fracaso”, el compartir piso después de los treinta puede ser también una estrategia inteligente para establecerse en cualquier ciudad del mundo.

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